skip to main |
skip to sidebar
Cuando me estaba preparando para colgar el “Contigo aprendí” me he dado cuenta que el contador estaba a dos impulsos del “2.8.82” que es la fecha que aparece en una de esas fotografías de Argelia que aún conservo y el otro día te enseñé. Qué fuerte ¿eh? También yo tengo buena memoria. Recuerdo que me dijiste que en aquel viaje por el desierto Al´Hoggar te perdiste, y que “algo” o “alguien” misterioso te ayudó a regresar. Desde “pequeñito” apuntando maneras ;-)
© Artemisa
No sabes cómo me alegran estas noticias… Siempre celebro que la gente que quiero encuentre ¡¡por fin!! su camino. Solos o acompañados. El mensaje de Artemisa está claro, al menos así lo entiendo: Se acabaron los malos rollos. Bien por ti.
De mi madre aprendí hace muchos años, tantos o más como los que han pasado desde que ella ya no está con nosotros, “que quien no respeta lo que haces tampoco respeta quien eres”. Y por consiguiente es mejor terminar la relación más pronto que tarde… Hoy alguien me preguntó: “¿Qué fue de fulanit@?” Pues eso, fue. Pasó a la historia. Pasó como las páginas de los libros que vamos leyendo y, salvo excepciones muy contadas, nunca más volvemos a leer…
Y hablando de páginas, libros, recuerdos y amigos ¿Tú qué tal lees-vives la vida? ¿La vives intensamente? ¿Te sientes feliz con lo que haces y con quien lo haces? ¿Sí? Pues disfrútalo como si fuese el último día porque nunca se sabe lo que puede pasar mañana. No, nunca se sabe. ¡Vive!
© Manel Marina
Hace tiempo leí que habías llegado a los 8.000, fué en Armonizate. ¿Qué será el Annapurna I? Pensé entonces… ;-) Pero lo que hoy has alcanzado sin duda alguna es el Everest, 8.800 puntos… Lástima que no se paguen a euro, dicen por aquí.
Dejando las bromas a un lado, ahora en serio, te seguimos desde las alturas. Leerte es un placer… Todos te mandamos un abrazo muy fuerte desde Katmandú. Esperando que muy pronto te reúnas con nosotros.
Steve, Jon, Charly, Manolo, Rach, Olga…
Hace muchos años, cuando yo era niño (Ya te oigo reír, Luz… Sí, también he sido niño). Vale. Muchos, muchos, muchos, muchos años atrás… Cuando te caías y te hacías una herida los “viejos” decían que lo mejor para desinfectar era el agua y el jabón. Sí, también había viejos entonces… A lo que iba. Después de aquellas desinfecciones entre lloros y alaridos, uno aprendía amargamente la lección. En aquellos tiempos no había tanto ungüento como hay ahora, y mucho menos cuidado. El descalabro por pedrada estaba a la orden del día, cuando no también otras fracturas mayores. Así era la vida entonces, a toda carrera. Viviendo mil aventuras con los amigos, y en la calle todo el día. No quedaba otra… La calle es lo que tiene, imprime carácter. Como la vida. Y no sólo imprime también marca. Todo lo vivido nos va marcando, nos va moldeando… Va dejando su huella. Para bien o para mal eso es vivir, acumular experiencias.
El otro día alguien me dijo que por qué no me teñía el pelo, y así me quitaba las canas. Respondí que eso no lo haría jamás. A fin de cuentas, ese soy yo. Mi cara, mi pelo, mis canas, mis arrugas, mi… demuestra y confirma que he vivido.
Hace algún tiempo conocí a una persona que se había hecho la “cara nueva” porque no quería parecer tan vieja. Para mí, una incongruencia. Entre otras cosas porque la cara que se arregló no era la “cara” que se tenía que haber arreglado. La pena es que esa otra cara, la que es espejo de tu alma, ni admite jabón ni cirugía plástica. Esa sólo se arregla aceptándote tal y como eres. Joven o viejo.
Y tú ¿qué cara tienes?
© Manel Marina